Piensa esto antes de juzgar a una mamá de niños berrinchudos

alybrothersAly Brothers es una mamá soltera de Estados Unidos. Hace unos días fue al supermercado con los niños y todo salió mal: si alguna vez te has visto atrapada en un lugar público con tus hijos haciendo berrinche y demasiadas bolsas de compras como para continuar viviendo, seguramente la entenderás.

La gente habla de lo maravillosa que es la maternidad, pero no de lo dura que puede llegar a ser y de lo doloroso que es que otras personas te juzguen; a tal grado, que Aly relató su terrible experiencia en un post viral de Facebook e invita a ser amables con las mamás que están pasando por un mal momento:

 

Esto es la maternidad.

Sin filtros elegantes, ni buena iluminación, ni nuevo lipstick. Es el cabello enmarañado y húmedo por la lluvia, el maquillaje de ayer que esaba demasiado cansada para quitarme, y lágrimas. Ser mamá es DIFÍCIL. Ser mamá soltera es DIFÍCIL. Estas lágrimas empezaron cuando el cajero de Giant Eagle me dio el ticket y continuaron durante todo el camino a casa. Lágrimas que le contagié a mi hijo mayor, porque no le gusta ver a su mamá llorar. Sabemos cuánto aman los niños a sus mamás.

Verán, mis dos hijos rubios, de ojos azules y con cara de ángeles no se portaron tan bien hoy. Eran las ocho de la mañana y se nos había acabado la leche. Hicimos un viaje a la tienda porque conocen a mis hijos: la leche con chocolate es la base de su alimentación. Pero no estaban de humor. El más pequeño lloró durante prácticamente todo el tiempo que estuvimos en la tienda. No quería sentarse en el carrito, no quería que le pusiera el cinturón, quería llevar todas las compras en su regazo. Se enojó. Aventó su zapato, aventó mi cartera, aventó tres compras que sí cabían en sus piernas. Y lloró. Y la gente nos miraba. Eso estaba bien, podía lidiar con eso.

Mi hijo de tres años quería ser Superman y pararse en el carrito. Estaba bien. Le dije que se agarrara bien y se parara derecho. No lo hizo. Se cayó, tiró cosas de las repisas y golpeó a un extraño. Entonces hice que se bajara y se fue caminando demasiado lejos de mí y abrió una de las puertas de la sección de congelados, diciéndome todas las cosas que quería comprar. Traté de manejar esa situación. Me detuve varias veces y me calmé a mí misma y a los niños.

La mujer por la que me hice a un lado para que pudiera pasar me vio feo porque no lo hice como ella quería: necesitaba estar atrás de mí, no adelante. No dijo nada, sólo me miró. Traté de lidiar con eso. Y después vimos globos. Ah, cómo aman mis hijos los globos. Querían de los grandes que cuestan como ocho dólares. Acepté. Les dije que compraríamos uno y lo compartirían. Estuvieron de acuerdo. Ambos dijeron “compartimos” y sonrieron mientras yo tomaba el globo de Mickey Mouse más grande que había. Pero, mientras pagaba, no quisieron compartirlo. Gritaron, lloraron, pelearon. Le di el globo a uno de los cajeros para que se lo llevaran y lloraron aun más.

El más pequeño apretó botones en la máquina de la caja, mientras que el mayor buscaba dulces. La gente detrás de mí me miraba. El cajero me miraba. Los ojos de todo el mundo estaban sobre mí como diciendo “no puedes controlar a tus propios hijos”. Un hombre mayor susurró: “Es muy joven para tener dos niños”, y perdí el control. Me dieron el ticket y lloré.
No me conocen. No me conocen como mamá. No conocen a mis hijos. No saben que estaba casada antes de empezar una familia. No saben que dejé ese matrimonio por el abuso que sufría, sabiendo que me las vería difícil como madre soltera. Es difícil. Las miradas y los comentarios y los juicios sobre mí son difíciles. A veces puedo controlar a mis hijos, a veces no. A veces escuchan, a veces no. A veces puedo con eso y a veces me derrumbo.
Sé que estos días pasarán y las lágrimas se detendrán, las peleas se acabarán y mis bebés habrán crecido. Y eso también será difícil. Así que, si ves a un padre o madre con ese problema, si ves a un niño haciendo berrinche, si ves a una mamá a punto de llorar… por favor di algo amable. Por favor no la veas con desaprobación. Y a todas las mamás que han tenido un día como el mío: las entiendo, las conozco, las quiero. Son fuertes y lo están haciendo bien.