Esta mujer llama al empleado “mongolo”. Lo que pasa luego es tan embarazoso…para ella

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Una estudiante suele ir a la tienda de comestibles cerca de su residencia, donde trabaja un hombre con síndrome de Down, que empaca las compras de los clientes del establecimiento.  Pero un día la chica es testigo de este suceso:

“(Me encuentro en la tienda de comestibles a la que suelo ir, en la caja. El empleado que empaca los productos es un chico muy agradable con discapacidad mental.  Este empaca los míos con cuidado)

Chico: “¿Quiere esta?”

(Agarra una de mis bolsas de tela, pero veo que tiene un agujero).

Yo: “No, mejor otra. Gracias.”

Mujer de detrás: “¡Dios! ¡Date prisa!”

Yo: “Acabo de pagar, no ha hecho nada mal”.

Mujer de detrás: “Oh, ¿así que tú también eres lenta como él? Dios, toda la gente especial como ustedes debería dejar de molestar a la gente normal”.

Chico: *con aire ofendido* “Señora, ella no es “no lista”, Ella va a la Universidad. *Señala al logo de la Universidad de mi suéter*.”Ella es realmente lista”.

Yo: “Y es el chico que mejor empaca aquí. Es muy cuidadoso, señora, lo que es muy importante cuando compras comida”.

(El chico ha terminado de empacar mis bolsas. Como sabe que vuelvo a la residencia, me las da y me ayuda a colocarlas en el hombro)

Mujer de detrás: “Bueno, no te ayudará también ahora a llevarlas al auto, ¿no? Vaya delincuente. ¡Quiero ver al encargado!”

Yo: “Me voy, señora. ¿Quiere llamar al encargado por algo que le he pedido hacer miles de veces?

Chico: *a mí* “¡Que tenga un buen día!”

Mujer de detrás: ¡Mongolo!

(El cajero, que no ha dicho una palabra mientras esto ocurría, mira a la mujer con calma)

Cajero: “No vamos a servirle por discriminación hacia un empleado valioso y un cliente habitual. Puede dejar su compra aquí, ya la devolveremos a las estanterías más tarde. Por favor, váyase”.

(En lugar de ello, la mujer empieza a montar una escena, rompe una estantería y ha de ser sujetada, mientras el chico nos lleva a mí y otro cliente tras la caja para protegernos. Al final tenemos que esperar a que venga la policía).

Chico: “La semana que viene… ¿viene otra vez?” *Parece preocupado*

Yo: “Por supuesto”.

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(Su sonrisa me hizo feliz durante el resto del día).

A veces la gente que actúa de este modo nos deja realmente sin saber qué hacer. Pero, por suerte, los otros clientes y sus compañeros sabían lo especial que era este chico. Comparte esta historia que está recorriendo el mundo.